Hombres Semilla “Masculinidades Diversas” I

Estamos al comienzo del periodo de entrevistas e información para el grupo de “Hombres Semilla”. De manera convergente, el grupo ya está casi completo a falta de 2 o 3 plazas. Como cada año, y este es el sexto, me doy cuenta de que no sólo hace falta abrir los espacios y hacer propuestas que vayan más allá del acto de informar, sino que además, es importante clarificar en qué consiste este trabajo, quién lo imparte, cual es mi experiencia o qué nos mueve a este compromiso.

Cada año surge una demanda latente con preguntas y motivaciones muy variadas, sin embargo, pareciera que falta una motivación intrínseca que movilice los recursos para iniciar un camino de autoconocimiento a través de un grupo de hombres. Aparece la timidez; la vergüenza; el miedo; la presión de una sociedad en crisis de valores,… Y, aún con todo, a raíz de una situación: un conflicto en la pareja; el consejo de una amiga; una hermana; una terapia,… hay hombres que se atreven a dar el paso y mostrar un compromiso, una vulnerabilidad, una apertura, un interés por el trabajo. 

Algunos expresan; “me sigue costando respirar, entregarme, sentir, afianzar lo personal, los vínculos, lo colectivo, un lugar para mí en el mundo”. Otros añaden “es como si después de formaciones, cursos, talleres, retiros, prácticas o vivencias hay todavía teclas del piano que no se pueden tocar, ni termina de sonar mi música” y en el encuentro del grupo y el compartir la mirada, algunas cosas empiezan a encajar.

Los hombres de hoy siguen formulando preguntas y afirmaciones contradictorias, sesgadas por una educación institucionalmente rígida y fría, que, sin embargo, en las mujeres no parece que surjan en estos tiempos. Claro que nos llevan tanto camino recorrido en esto de conocerse desde lo sencillo, lo concreto y lo cercano; en esto de expresarse y conectar también entre ellas; que no aparentan que busquen parapetarse en teorías, ciencias y tradiciones varias, producto claro de la historia patriarcal. Muchas muestran un pensamiento crítico más a flor de piel que traspasa los muros rígidos de la opresión sufrida.

Surgen muchos mitos alrededor del trabajo de un grupo hombres, algunos como; que venimos a abrazarnos, a consolarnos de nuestra desdicha, a desnudarnos o a alimentar fantasías eróticas, a denunciar el “trato de favor” a las mujeres, a reencontrarnos con nuestra nueva masculinidad emergente, a recuperar nuestra hombría, a alimentar la idea de seguir a alguien (un gurú, un líder mesiánico, uno que me salve de…), a militar en una especie de secta, a sentirse obligado a sentir o a pensar o a hacer,… y otras tantas preguntas y afirmaciones que he podido escuchar en estos años. Ante esto, a mi parecer, se revela el miedo atroz al otro; a colocarme frente al otro; a que realmente me vea; a adentrarme en terreno desconocido incluso consigo mismo; a confiar en un hombre… en definitiva a dejar de competir, de juzgar, de encontrarse en soledad, de erguirse en el sufrimiento aislado y de limitarse vivencias de autoconocimiento.  

Y para qué un grupo de trabajo con hombres, con personas que se sienten hombres, para qué un encuentro desligado de la normatividad sexo-género imperante; de etiquetas que nos oprimen y que oprimen a los demás. Este es un grupo de trabajo que busca soltar los roles que nos quitan la libertad de ser uno mismo; la expresión genuina; la acción placentera y deconstruir qué es ser hombre para cada uno, en esta sociedad que marca las pautas de lo que es y lo que no. 

Puede afirmarse que en una nueva conciencia y en particular en el paradigma del “no binarismo” el trabajo de un grupo de hombres carecería de sentido. Sin embargo, siguen existiendo condicionantes a las masculinidades diversas, condicionantes incluso que se manifiestan en grupos mixtos, que limitan el poder abrirse en determinados temas y poder traspasar creencias y barreras que se desenmascaran en forma de transferencias negativas hacia la mujer o positivas en cuanto a la seducción. Poder recuperar un espacio en el que vislumbrar las carencias de la educación patriarcal en nuestra condición de ser hombre.

La revolución de las masculinidades diversas y el ser hombre atendiendo a nuestras subjetividades tiene un tempo, su propio ritmo, un compás que desarrollamos a su tiempo, con su tiempo y en su tiempo. Este movimiento no se empuja, no es un deber o una exigencia, es producto de una progresiva sensibilización desde la piel hacia dentro; apertura de las corazas corporales incrustadas; un rodaje en el contacto; una amplitud en la forma de desplegarse y de transparentarse. Abrirse a lo grande y confiar en la caída, darse cuenta de la fuerza que emana de sentir la vulnerabilidad. 

El trabajo de grupos de hombres no es nuevo, observamos el recorrido desde los años 70 con los “mitopoéticos” de Robert Bly o “Men´s Right en los años 80 con sus derechos y victimizándose por el feminismo. Los Profeministas en los derechos sociales y cambios estructurales, los terapéuticos con enfoque predominantemente gestáltico y junguiano en los 90 y ahora los nuevos varones “hombres sensibles” producto de la modernización del patriarcado. El resultado de estos años es positivo y la inclusión de los hombres en la lucha por la igualdad puede avanzar hacia una sociedad más basada en una “ética del cuidado”. Como en todo, la diversidad y la intersecionalidad de las personas en los procesos, la historia, la cultura, los movimientos sociales y políticos, nos mueven en una búsqueda de integrar lo que siento, pienso y hago; y en este sentido en cómo me realizo en el marco de una personalidad mutante, y una sociedad cambiante.

Hombres Semilla es un grupo diverso en cuanto a profesiones, edades, orientación sexual, ideologías, cuerpos, caminos espirituales, implicaciones sociales. Cada año vamos un poco más allá de lo que hemos hecho. Hay proyectos personales que se materializan; también colaboraciones y vínculos nuevos; desarrollo de potencialidades y creatividad para proyectos profesionales; acompañamiento en las esferas de lo íntimo y personal; procesos de pareja; de muerte; de nacimiento; de viajes y las circunstancias siempre cambiantes de la existencia humana. Un proceso de “autopaternaje” sano restaurador y agradecido con la vida.

Hay un grupo nuclear y otros que se incorporan cada año. Un grupo satélite de antiguos participantes que se suman puntualmente y otros que nos siguen desde la distancia. Además, contamos con colaboradores, que vienen desde Barcelona y se suman a compartir sus experiencias en el trabajo con hombres.

Plasmando una mirada restrospectiva, este grupo se abrió con la única premisa de ser un espacio para el encuentro de hombres en movimiento, es decir, desde un punto de vista lúdico y corporal. Así mismo, moverse y trabajar el cuerpo hace que afloren emociones, se mueva el esqueleto, me roce, entre en contacto con los otros, se vaya despertando la creatividad a través la palabra, el dibujo y la expresión corporal. La entrega y la libertad lo es todo, el disfrute de danzar libremente entre hombres es un acto profundamente sanador. 

Desde ahí, hemos vivido muchos momentos de celebración dentro de un marco en el que hemos ido creciendo ante la austeridad; ante la soledad; la frustración; las limitaciones; la incomprensión; el abandono o ante la invisibilidad y la confrontación. Las trampas se van cayendo por el camino, las cuentas no cuadran, y exhaustos se abandona la máscara de “niños buenos” y contratos infantiles. Uno se hace hombre con todo.

Aquí no practicamos la “sensiblería”; el contacto porque sí y no se obliga a nadie a nada. No militamos por exigencias externas a lo políticamente correcto. Nos alejamos de opiniones fijas y cultivamos una actitud abierta a lo grande y lo sencillo a su vez. Cada año el grupo crece: en número, experiencia y trabajo personal. 

Aquí no se viene a sanar nada como expectativa final, en todo caso ratificamos lo que sabemos, desechamos lo que ahora no nos sirve en nuestro camino; fomentamos el pensamiento crítico; nutrimos las emociones y respetamos los límites. Observamos las necesidades negadas y nos adentramos en territorios fuera del mapa que nos sirven como motor para un camino más consciente. 

Si te sientes invitado ven, las restricciones las dejamos en la puerta, te das el espacio, después viene el Amor.

Federico Marsá – Terapeuta Psicocorporal 

Nómada de lo Naciente en “Hombres Semilla”

Contacto 620 659 552

Más información: 

GRUPO DE HOMBRES SEMILLA

Leave your thought