Poéticas grupales “Hombres Semilla” Octubre 18

Poéticas corpóreas grupales del encuentro de los talleres de octubre.

“El Aprendiz Mudo”

Parte I

Soy el patio

donde se caen las horas.

Un triste souvenir

saliendo del economato

Soy el ladrillo 

donde el niño

muerde el bocadillo, 

un pan sin gluten.

Soy la semilla de otoño 

que sueña la gran tormenta

Soy la mirada ausente, 

el segundero de las agujas del reloj.

Soy el grito sordo

que encumbra la locura.

Sin brújula ni sextante 

la oportunidad desconocida.

Soy el atronador silencio 

que congela mi cuerpo.

Soy juego que se cuela 

e invade la espera.

Parte II

Soy mi propio paisaje

soy la vitalidad del brote

soy la rotundidad del silencio

Iluminando la delicadeza.

Soy la tribu, la diversión

soy el sudor compartido

solidario, energético…

soy el polvo que se sacude.

Soy la espera sin soledad

una bendita frescura íntima.

Soy el retorno al hogar de la gracia,

revoloteando entre mis manos.

Soy el confidente que se encuentra

la experiencia de la verdad.

Escruto otras rutas

confusas por novedosas.

Soy huella impresa,

senda de viajeros de hitos de confianza,

de trazos añejos y vinos fermentados

con cuerpo y sabor.

Parte III

Soy camino…

por aquí y por allá…

y descubrir la misma senda

siempre renovado.

Soy el caos de siluetas informes;

la curva de un labio 

dónde quise ser conocido.

Soy lo manifestado, complejo y diverso.

Soy corazón vibrante, 

seda parcheada empapada en sed.

Soy boca huracanada

hoguera de hoy, del mañana.

Soy el deseo de exclusividad 

del objeto venerado

Dotado de existencia, de eternidad…

tesoro de su vida, sentido de su aroma.

Soy hombre, anciano,

joven, niño y bebé.

Soy la restauración de la criatura

sin discursos serviles.

Viajo a los confines de mi alma,

cubro mi plumaje antes de lanzar el vuelo.

Me oriento y ubico en lo pequeño.

Actúo en una única dirección… atento al corazón.

Parte IV

No hay aprendizaje en el silencio 

porque no es camino sino puerta.

No hay aprendiz en el silencio

porque solamente la más absoluta

soledad despierta el impulso

necesario para atravesar el umbral.

P.N.

Parte V

Meditar con la planta de los pies

Respirar con la palma de las manos.

Ser un mudo aprendiz en movimiento

que baila hasta desaparecer

como en el más temido de los trucos.

Dejándonos leer por el espacio

emerjemos hacia una plenitud

que no es más que la suma de nuestras soledades.

Al caminar descalzos sobre el bosque

sentimos la raíz común de la arboleda

la fatiga erecta de sus troncos

el escarnio público de su verdor

y el renacimiento latente de sus hojas.

Frente a la hoguera de los cuerpos

nos dejamos caer con el otoño

invocando el pasado que aún está por llegar

anhelando que lo nuevo se repita.

Esparcimos semillas en los ojos del otro

y brotamos despacio en cada gesto 

que anuncia primaveras.

Aquelarre de miedos y prejuicios

magia blanca con que abrazar la sombra.

Que al silencio elocuente 

que es al fin toda muerte

lo escuchemos danzando.

Nico

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